La paradoja
Esta semana, Carlos Alberto Alvarado, vocero de la diócesis de Aguascalientes, exhortó a la ciudadanía a preservar las tradiciones mexicanas, a propósito del auge que ha cobrado en los últimos años la celebración del Halloween. En este sentido, señaló que se enfocara más la atención en el tradicional día de muertos mexicano.
Acusar que la celebración de Halloween acaba con las tradiciones mexicanas sólo ayuda a mantener la desinformación imperante en torno al tema. En suma, una declaración de esta naturaleza ignora que las tradiciones europeas que llegaron con los españoles acabaron, de hecho, con algunas tradiciones milenarias que los naturales mexicanos indígenas celebraban, de aquí el exhorto del vocero de la diócesis sea una gran paradoja.
Definir lo mexicano
¿En qué consiste lo mexicano? Es un asunto difícil de definir, sobre todo porque nuestra nación –en su mayoría– es hija de un violento sincretismo, es decir, del resultado de la unión de culturas europeas con culturas nativas de América (no Estados Unidos –que también es una imprecisión–, sino del continente). Al afirmarnos como mexicanos asumimos, entonces, que somos el resultado de ese sincretismo doloroso.
Así, ni las culturas indígenas han escapado en su totalidad de ciertos rasgos propios del catolicismo, ni el catolicismo ha escapado de fenómenos propios de las culturas indígenas. El más interesante probablemente sea el caso de la Tonantzin Guadalupe. Este vocablo náhuatl, tonantzin, servía para designar a distintas deidades femeninas del panteón azteca, como Cihuacóatl y Coatlicue principalmente, pero no eran las únicas. Cabe señalar que la actual Basílica de Guadalupe ocupa el espacio donde se encontraba un adoratorio a estas deidades, de ahí que fuera el espacio ideal para erigir el templo a la nueva Tonantzin que trajeron los europeos: la Virgen María.
La celebración del día de muertos: una fiesta con rasgos particulares
Insistimos: es paradójico que un jerarca de la Iglesia rechace la celebración de Halloween bajo el argumento de conservar las tradiciones mexicanas, en este caso el día de muertos, sobre todo si lo vemos desde el punto de vista de que la Iglesia Católica promovió la aniquilación de las tradiciones originales indígenas durante la conquista y los siglos posteriores a la misma.
Nuevamente nos encontramos ante un escenario sincrético y cambiante –y menos violento que el de hace 500 años–, en tanto que el día de muertos prehispánico, la celebración de los santos difuntos, así como el Halloween comienzan a fundirse en una suerte de festividad novedosa con rasgos particulares.
El Halloween –del antiguo inglés All Hallows’Eve, la ‘víspera de todos los Santos’– está vinculado a una celebración celta llamada Samhain o Samagín, donde se rendía culto al dios de la muerte a través de una fiesta cruenta en la que no faltaban los sacrificios humanos. Por otro lado, las celebraciones de día de muertos han sido muy variadas en las diferentes culturas precolombinas que existían en México. Los aztecas, por mencionar una de las estirpes indígenas más importantes, asociaban la festividad de muertos a Mictlantecuhtli, señor de los descarnados, concepto que además es bellísimo, pues los aztecas más que la pérdida de la vida, visualizaban la muerte como la pérdida de la carne, para que el alma continuara su tránsito hacia el lugar de descanso eterno: el Mictlán.
El catolicismo celebra dos fechas: por un lado, el Día de los Difuntos (1 de noviembre), y por otro, la Conmemoración a los Fieles Difuntos (2 de noviembre). Para el Día de los Difuntos se celebra una fiesta solemne para aquellas ánimas que hayan superado el Purgatorio y gozan la vida eterna en presencia de Dios, de ahí el nombre de Día de todos los santos. El día 2, por el contrario, se ora por aquellos difuntos que terminaron su vida terrenal y permanecen en purificación en el Purgatorio, en espera de trascender al descanso eterno en presencia de Dios. La concepción azteca –como se puede observar–no es muy diferente de que la que pervive actualmente en el rito católico.
Finalmente, los mexicanos somos un pueblo que adopta tradiciones de distintos pueblos y que estas enriquecen cada vez más nuestra cultura. Lo importante es que con tolerancia y respeto, celebremos festividades que nos traigan felicidad a todos, incluir en lugar de excluir es la clave de una sociedad multicultural.
Para La Escribidera:
Aldo García Ávila
aldogarav86@gmail.com
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