Los alrededores del Jardín de San Marcos ofrecen un amplio abanico de posibilidades gastronómicas, casi para saciar cualquier antojo. Los tacos de tripas son, probablemente, uno de los platillos icónicos que desde hace algunos años ha distinguido este entrañable lugar de nuestra ciudad. Para algunas personas, este platillo es apenas una desagradable manifestación de visceralidad; mientras que para otras es uno de los manjares más deliciosos. Y es seguro que quienes los disfrutan con singular alegría, hacen de tripas corazón.
Hacer de tripas corazón es un proverbio cargado de optimismo y entusiasmo. Quien lo enuncia acepta el esfuerzo que implica enfrentar la adversidad en cualquiera de sus facetas. La persona que decide sobreponerse a sus miedos, a pesar de lo difícil que ello parezca, está haciendo de tripas corazón. También hace de tripas corazón aquella persona que asiste, con la mejor de las voluntades (y también con toda ausencia de la misma), a esa comida en la que ofrecerán el más desagradable de los platillos, o en la que convivirá con las más detestables personas. Y, después de todo, la vida es eso: un constante hacer de tripas corazón.
¿Cómo es que el ámbito de la anatomía y de la fisiología puede tener injerencia en tantos ámbitos? La respuesta radica en el hecho de que las partes del cuerpo humano son de gran utilidad para referir a un sin fin de aspectos y situaciones de la vida cotidiana.
Por ejemplo, los hablantes conciben el corazón como el lugar en el que ocurren las emociones y al que se vincula la esfera de lo amoroso, a pesar de que algunos psicólogos afirman que el hígado es el verdadero órgano del amor, en virtud de que la atracción que una persona siente por alguien más es el resultado –entre otros factores– de un proceso químico que si bien es percibido por el cerebro, su mayor impacto recae en el hígado mediante la segregación de las hormonas glucocorticoides. Otro ejemplo es la cantidad de insultos que podemos elaborar al establecer correspondencias entre ciertas personas y todas aquellas sustancias segregadas por nuestro organismo: Fulano es una mierda; Mira nomás qué sangrona se ha vuelto Mengana; ¡No seas baboso!, etc.
Lo cierto es que los seres humanos tienen sus órganos “consentidos”, como el corazón, los ojos o el cerebro, debido a la importante y notable función que desempeñan. Y algunos otros órganos han sido menospreciados o se han tomado poco en cuenta, como los riñones, el hígado o las tripas, pues aunque su función es igualmente importante, es menos visible a la percepción de los hablantes.
Desde un punto de vista lingüístico, el cuerpo humano es un punto de referencia para ubicar e identificar otras entidades: Mi casa está en frente de la iglesia (a pesar de que una casa carece de frente, como sí la tendría una persona) o La cabaña está al pie de la montaña (pero una montaña no tienes pies, como sí los tienen los seres humanos). Asimismo, es de utilidad para vincularse con otros individuos, así como convivir con experiencias y acontecimientos cotidianos: Meriyein me tiene en sus manos o El Real Madrid está a la cabeza de la tabla. De este modo, el cuerpo humano es un locus metafórico a partir del cual se derivan nuevos significados para dar expresión a la percepción física, mental, locativa, entre otros. El proverbio Hacer de tripas corazón es una muestra de la capacidad metafórica del ser humano.
La metáfora es la habilidad de entender una cosa en términos de algo más. Más específicamente: consiste en proyectar ciertos rasgos prominentes de un objeto o situación A en un objeto o situación B. Para que este proceso tenga lugar es necesario que los rasgos prominentes de A estén presentes en B, o dicho de otro modo, que manifiesten alguna semejanza, de lo contrario la proyección no será posible. De ahí que la metáfora, como proceso cognitivo, impregne las capacidades de pensamiento y lingüísticas del ser humano.
En Hacer de tripas corazón los hablantes proyectan en el concepto [tripas] aquella situación que resulta poco grata o desagradable. Esta correspondencia es posible gracias a que ambos conceptos son percibidos como algo desagradable: las tripas, en la esfera de la percepción humana, constituyen un órgano desagradable o poco apreciado, a pesar de que su función es fundamental para el óptimo funcionamiento del organismo.
Se trata, entonces, de convertir las tripas en corazón, es decir, en un órgano más apreciado. En otras palabras, es crear algo agradable a partir de otra cosa que no lo es. Así, el hablante proyecta en el concepto [hacer corazón] el esfuerzo que implica sobreponerse a la situación desagradable en turno, en tanto que ambas nociones comparten un significado positivo.
De esta manera, cualquier situación que un hablante perciba como desagradable podrá proyectarse en el concepto [tripas] y, dado que creará algo positivo a partir de dicha situación desagradable, será posible complementar el resto del proverbio, para expresar en un sentido literal: crear corazón a partir de las tripas. De ahí la versatilidad de este proverbio.
Hacer de tripas corazón además de ser una metáfora es una expresión que relata toda una historia, cuyos rasgos y características pueden proyectarse, a su vez, en otras situaciones, eventos e historias cotidianas, de ahí su secreta magia y su ilimitado poder. Cuando todo parece estar en nuestra contra y nos sobreponemos a esas adversidades, estamos haciendo de tripas corazón.
Las capacidades literarias, entonces, no pertenecen solamente a los poetas, novelistas o cuentistas. En cada uno de nosotros, hablantes de todos los días, hay una retahíla de dichos populares, proverbios y refranes que poseen un mágico encanto y que nos revelan la más sublime poesía: el lenguaje cotidiano.
Para La Escribidera:
Aldo García Ávila
aldogarav86@gmail.com
Créditos de imagen:
Alberto Montt

