Hace algunos días me di la oportunidad de pasear por la Exedra, un lugar muy representativo de Aguascalientes. Hasta donde yo sé, ninguna otra ciudad nombra de este modo a los zócalos del primer cuadro de la ciudad. A este lugar concurren infinidad de parroquianos. Entre las muchas voces, pude escuchar a una persona que le decía en tono de solemnidad a alguien más: “Cuando fuiste martillo no tuviste clemencia, ahora que eres yunque ten paciencia.” La persona, no sin cierto desagrado, pareció acatar el proverbio que recién le habían compartido: cada situación tiene su tiempo; cuando las cosas van bien solemos dar rienda suelta al ánimo, pero cuando hay adversidad o el entorno no es favorable ocurre lo contrario. Este proverbio, entonces, resalta la importancia de tener paciencia y saber aceptar las circunstancias, aun si éstas son poco favorables.
¿Cómo es que este proverbio puede utilizarse en cualquier momento en el habla cotidiana?
Aunque es una obviedad, un martillo es un objeto que sirve para golpear otros objetos. Esta redundancia es una precisión necesaria, en tanto que es información que forma parte de nuestro conocimiento del mundo y de los objetos que en él se encuentran. Así, en circunstancias normales, una persona no concibe el martillo como un objeto que suele recibir golpes. En efecto, es posible golpear un martillo con alguna otra cosa, pero prácticamente todas las personas vemos en este objeto un instrumento que sirve para golpear.
El yunque, por otro lado, es un objeto que manifiesta una relación muy estrecha con el martillo, en tanto que suele fungir como superficie sobre la cual el martillo golpea otros objetos. Nuevamente, esta precisión es necesaria, en tanto que las personas no concebirían que el yunque pudiera golpear al martillo, a pesar de que, en efecto, puede ocurrir. En otras palabras, lo que forma parte de nuestro conocimiento del mundo consiste en que el martillo funge como instrumento que golpea otro objeto sobre la superficie del yunque.
La metáfora es la habilidad de construir una cosa en términos de algo más. Más específicamente: consiste en proyectar ciertos rasgos prominentes de un objeto o situación A en un objeto o situación B. Para que este proceso tenga lugar es necesario que los rasgos prominentes de A estén presentes en B, o bien, que manifiesten alguna semejanza, de lo contrario la proyección no será posible. De ahí que la metáfora, como proceso cognitivo, impregne las capacidades de pensamiento y lingüísticas del ser humano.
¿Cuáles son los rasgos prominentes del martillo y el yunque que permiten que el proverbio se pueda utilizar en cualquier momento en el habla cotidiana? Quien posee y emplea el martillo también tiene el poder y la fuerza para subyugar otros objetos. De este hecho emerge el concepto de [clemencia], pues para modificar la estructura de otros objetos, o bien, para crear objetos a partir de la fuerza del martillo es fundamental no tener clemencia: hay que golpear con fuerza y constancia. El yunque, por el contrario, resiste los golpes que el martillo imprime sobre él y que modifican o crean nuevos objetos.
De este modo, cuando una persona se encuentra en una situación cómoda, desde donde ejerce poder, suele ocurrir que dicho ejercicio es implacable, sin miramiento ni piedad hacia el otro, como lo hace un martillo al golpear otro objeto sobre un yunque; este último, sobra decirlo, soporta estoicamente cada golpe que cae sobre él. Ésa es la coincidencia, de esa manera funciona la proyección de rasgos: en la misma medida que una persona accede a una posición de poder, desde donde puede crear, modificar y destruir, también, de un momento a otro, puede pasar a la posición en la que carece del mismo. En este sentido, el proverbio apela a que las personas mantengamos el mismo temple, tanto en los momentos en que el poder del martillo estaba en nuestras manos, como aquellos en que nos toque recibir los embates de la vida.
Por último, hay que señalar que quizá el yunque carece de función sin el martillo y, probablemente, el martillo pueda no desempeñar su función al máximo en ausencia del yunque: ambos se complementan, como tal vez se complementa la prosperidad con la adversidad. En un sentido literal, este proverbio puede leerse como Sé fuerte cuando te toque ser martillo; sé paciente cuando te toque ser yunque.
Las capacidades literarias, entonces, no pertenecen solamente a los poetas, novelistas o cuentistas. En cada uno de nosotros, hablantes de todos los días, hay una retahíla de dichos populares, proverbios y refranes que poseen un mágico encanto y que nos revelan la más sublime poesía: el lenguaje cotidiano.
Para La Escribidera:
Aldo García Ávila
aldogarav86@gmail.com

